Un duro informe de la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR, siglas en inglés) pone en el centro de la polémica la ilegalidad y la comercialización informal en la Argentina. Las críticas de ese país hacen referencia al crecimiento de La Salada, la feria comercial más importante de Sudamérica que funciona en Lomas de Zamora (Buenos Aires). Pero también focaliza su observación en la expansión de esta metodología de negocio que permite, según el informe, "la organización de paraísos de mafias y la venta de mercadería que está falsificada, lo que viola la Propiedad Intelectual y la Ley de Marca".
Esos productos "truchos" también forman parte de la oferta de centros comerciales informales instalados en distintos puntos de Tucumán. Según un relevamiento de la Dirección de Comercio Interior de la provincia, se ha detectado que el 70% de los productos ofertados en ferias tradicionales y los centros de negocio tucumanos, es apócrifo.
Del informe se desprende que la mayoría de los productos sujetos a la falsificación son juguetes y ropas, con logos de marcas de primera línea. A esto se suma la piratería de discos compactos o CD, que infringen la Ley de Propiedad Intelectual.
En Comercio Interior remarcan que las ferias tradicionales, como Villa Luján, la que se realiza debajo de las gradas del estadio de Atlético Tucumán, en Banda del Río Salí, Yerba Buena o El Manantial, se organizan bajo un sistema informal en el que se pueden encontrar indumentaria importada, conocida como ropa usada, o mercadería de firmas de segunda línea, mercancía que no es reconocida como falsa. Lo contrario ocurre en centros comerciales establecidos, como el que se detectó en Río Chico, donde se ofertan productos apócrifos en cerca de 40 negocios, que se extienden en dos cuadras, informó ayer a LA GACETA el subdirector del organismo, Marcelo Rubinstein. El informe de Comercio Interior, además, identifica al Mercado Persia como una de las plazas de venta de referencia. Allí, se ha registrado sólo un 30% de mercadería de imitación; el resto corresponde a indumentarias de segunda marca, entre otros productos.
El creciente mercado informal genera también en la provincia reacción de los empresarios de la Federación Económica de Tucumán (FET). Su presidente, Raúl Robín, ratificó la queja al Gobierno por la proliferación de las "saladitas". "Por un lado, el Gobierno aumenta la presión fiscal, exigen el cumplimiento los regímenes aduanero y de trabajo formal. Por el otro, hay zonas liberadas en Tucumán y nadie decide enfrentarlas", se quejó Robín.
"No es en contra de las ferias tradicionales, pero debe haber un control sobre la venta de CD y ropa falsificada, que viola las normas fiscales. Esto lleva a una competencia desleal", agregó.
Robín informó que, la próxima semana, la FET convocará a las autoridades de la delegación local de la AFIP, Aduanas, Policía Federal, Rentas, y de las direcciones de Ingresos Municipales y de Tránsito, con el fin de plantear el control sobre el comercio ilegal.
Un tema social
Las ferias surgieron ante la necesidad laboral de una franja social que se refugió en el cuentapropismo. "La Salada es un lugar donde se junta la gente que no tiene para llegar a fin de mes. El tema principal es el social, pero se quiere hacer creer que si no se trucha marca no se vive. Somos todos morochitos, que venimos del fondo del tacho, que en los ?90 nos destruyeron económica y laboralmente. El rebusque fue La Salada. Con cualquier cachito de tela armábamos una remera y así fuimos creciendo", justificó ayer el jefe de esa megaferia, Jorge Castillo. Es el mismo argumento de los puesteros instalados en Tucumán.